Una ventana en medio de la densa niebla de esta anodina ciudad que, en su nimiedad, no vela por nadie. Un pequeño fulgor, un insignificante destello en mitad de esta cerrada noche que nos acompaña. Quince farolas al margen derecho de este camino de caballos de metal. Dos farolas al margen izquierdo. Un cielo anaranjado contaminado por un exceso de luz, y, sin embargo los tejados que rodean esa susodicha cuadrícula permanecen oscuros como el mundo de los que no sueñan.
Pasan motos, pasan coches, y sin embargo no puedo apartar la mirada de esa ventana. No entiendo muy bien el porqué. Quizás esa solitaria luz entre tanta oscuridad sea una metáfora de la recurrente luz que me lleva atormentando tantísimo tiempo y que tanto anhelo. O quizás sea solamente una manera de evitar estudiar. Ahora mismo no estoy ni psicológica, ni intelectualmente capacitado para determinar mi desorden. Aunque, ahora que lo pienso, nunca lo he estado realmente.
Algún día profundizaré acerca de lo que siento. Pero ahora mismo sólo puedo pensar en esta mierda de asignatura que me absorbe como aquél que come gelatina.
Pero lo cierto es que esa ventana me intriga, me atrae y me aterra a partes desiguales...
Pasan motos, pasan coches, y sin embargo no puedo apartar la mirada de esa ventana. No entiendo muy bien el porqué. Quizás esa solitaria luz entre tanta oscuridad sea una metáfora de la recurrente luz que me lleva atormentando tantísimo tiempo y que tanto anhelo. O quizás sea solamente una manera de evitar estudiar. Ahora mismo no estoy ni psicológica, ni intelectualmente capacitado para determinar mi desorden. Aunque, ahora que lo pienso, nunca lo he estado realmente.
Algún día profundizaré acerca de lo que siento. Pero ahora mismo sólo puedo pensar en esta mierda de asignatura que me absorbe como aquél que come gelatina.
Pero lo cierto es que esa ventana me intriga, me atrae y me aterra a partes desiguales...
No hay comentarios:
Publicar un comentario