viernes, 16 de mayo de 2014

Dream On 1

Capítulo 1

El zumo del coco le recorre la comisura de los labios. Su inesperada frescura le refresca la boca, mientras el tórrido sol de la playa tropical reseca su morena piel. A la sombra de una flagrante palmera, tumbado sobre la blanca arena, se encuentra Jerry, abrazado a una despampanante joven cuyo nombre ni sabe, ni posiblemente sepa pronunciar. Los cabellos oscuros y lisos de la chica yacen inmóviles y dispersos alrededor de ella, formando una bella contraposición con la arena bajo su cuerpo desnudo. No hay nada salvo el cocotero, ellos dos y el mar con su continuo arrullo. Por no haber no hay ni ropa. Parece ser que en este sueño Jerry no ha considerado conveniente el dotarse ni tan siquiera de unos harapos con los que tapar sus partes pudendas. Porque esto es un sueño, Jerry sabe que esto no es real, por lo que decide sacar provecho de la situación y crear un clima con el que pueda alegrarse la vista. De este modo, decide que ya está bien de sentimentalismos y ñoñerías y decide pasar a la acción. O, mejor dicho, decide que otros pasen a la acción. La joven de oscuros cabellos comienza a besarle la cara, con una delicadeza y una sensualidad difíciles de describir. Sus gruesos labios rozan cada una de los rincones de su torso, brillante por el sudor y los restos de saliva de la fémina. A medida que la joven comienza a bajar la cabeza, se empieza a perfilar una sonrisa en la cara de Frank. Para él, el arte del bello sexo es un misterio fuera de los sueños, por lo que trata de desquitarse todo lo que puede en ellos, haciendo de las mujeres que aparecen en ellos poco más que sus esclavas. Mila Kunis; su compañera de trabajo que no ni que existe; la estudiante que coge a diario el autobús con él; la señora que pide a la puerta del supermercado de al lado de su casa. Su libido no conoce límites. No recuerda dónde vio a la chica de este sueño, pero ¿Qué importa eso cuando eres un Dios en tu propio reino?
Jerry estira el cuello hacia atrás y sonríe mirando al cielo, completamente blanco, como si el escenario en el que se encuentran fuese un dibujo hecho con poco esfuerzo en un folio.
Este veinteañero resentido con la vida espera deseoso la tan ansiada felación cuando suena el despertador. Las 7:00 de la mañana. "Me cago en mi puta vida" refunfuña mientras que con la mano derecha termina el trabajo que la joven debería haber terminado.
Tras limpiarse con un pañuelo, anda con paso lento hacia la ducha. Ve en el del baño al mismo hombre gordo, con una incipiente calvicie, de rostro cansado y mirada perdida. La barba que no termina de salir nunca tampoco será afeitada hoy. Se ducha rápidamente y se prepara y toma el desayuno de igual manera, ataviado únicamente con unos calzoncillos. Las persianas se mantienen semicerradas durante todo el día, por lo que una lúgubre oscuridad impera en lo que debería ser un magnifico día de Julio. Con tiempo de sobra, se enfunda su traje con lamparones y su corbata cuyo origen hace ya tiempo olvidó y se dirige a la parada del autobús. Por el camino, mira de manera disimulada los escotes de las chicas por la calle. No está satisfecho sexualmente y su desmesurada lujuria le hace sentirse realmente incómodo y furioso. Cuando los comercios aún no han abierto, Jerry se sienta en la marquesina de la parada del autobús. Un hombre de unos cincuenta años lee junto a él el periódico y una adolescente que bien podría ser una de las chicas que aparecen en sus sueños teclea con gran rapidez el teclado de su teléfono móvil. Apenas pasan coches a esa hora, y menos en un barrio residencial tan apartado del centro. Jerry está con el cuerpo flexionado y las manos sujetan su cabeza, mientras los codos se apoyan en las rodillas y sus dedos palpan preocupados las entradas cada vez más acentuadas que su frente hace sobre su cuero cabelludo. Se haya divagando sobre un documental que vio la noche anterior sobre un músico que no había escuchado en su vida cuando un destello rojo pasó a su lado a toda velocidad.
Una escuálida chica de unos 25 años, con un pelo de un rojo intenso propio de un tinte muy barato o de una putada digna de la más cruel de las novatadas universitarias, ataviada con una botas militares que le llegaban casi hasta las rodillas, medias a rallas horizontales rojas y negras, falda vaquera y una camiseta de tirantes negra con un gran smiley amarillo sobre sus pequeños pechos corre jadeante con un montón de folios sueltos y doblados bajo su brazo. El sudor hace que la piel sobre sus clavículas brille, y el cuello de su camiseta comience a mojarse.
Jerry no presta especial atención en ella, al no considerarla especialmente atractiva, continúa con su fijación por tocarse la frente de manera casi enfermiza.

Aún no sabe que este fortuito encontronazo cambiará su gris y miserable vida.

domingo, 4 de mayo de 2014

Éranse una vez Candy y Dan.

Todo era muy acalorado aquel año. La cera se derretía en los árboles, él se subía a los balcones, se subía a todo, hacía lo que fuera por ella. Pobre Danny, miles de pajarillos adornaban su cabello. Todo era dorado. Una noche la cama ardió. Él era guapo y un delincuente muy bueno. Vivíamos a base de sol y chocolate. La tarde era de un placer extravagante. Danny el intrépido, Candy se perdió. Los últimos rayos de sol del día cruzaban como tiburones. "Esta vez quiero probarlo a tu manera". Irrumpiste en mi vida y me gustó. Nos revolcamos en el fango de nuestra felicidad. Yo estaba empapada de rendición. Entonces hubo una separación de las cosas, y la tierra se quedó a oscuras.
Eso es lo que buscan. Contigo en mi interior se produce en mi interior el matrimonio de la muerte. Jamás volveré a dormir. El monstruo en la piscina. Está en la naturaleza del perro ladrar a gatos y a pollos y a todo lo que se mueva. Miré por todas partes. A veces te detesto. Durante  mucho tiempo. Viernes. No era esa mi intención. Madre de la tristeza. Ángel de la tormenta. Has dicho cosas. Prometiste. Apuntaste al cielo. Demanda,oferta. Mírame, ¿dónde estabas tú cuando todo se fastidió? Los pájaros. Vete volando a alguna parte.  Jodidamente, ¿uh? Eres muy divertido, Dan. Un jarrón de flores junto a la cama. Te hice una brecha en la cabeza. Sobre el respaldo de la cama. Pero el bebé murió por la mañana, y tú viniste. Su nombre era Thomas, pobre Jesusito. Su corazón late como un tambor de vudú.